martes, 26 de abril de 2011

El pozo


Otro día ha terminado. No ha sido diferente de los demás, ni más ajetreado, ni más pausado, ni siquiera más triste que cualquier otro día. Sin embargo, hubo algo que sucedió, no sé en que momento: quizá fuese a media mañana cuando me asomé al balcón a regar las plantas, o quizá cuando, apresurada, contesté al telefonillo pensando que llegaba el correo. Pero por más que intento recordarlo, no soy capaz de traer a mi memoria ese pequeño recuerdo. No soy capaz de concentrarme: puertas se abren, se cierran, unas pausadas, otras pegan bandazos como si una fuerte corriente las aplastase. Sólo veo un pozo: recubierto de piedra pulida y blanca, con ese cubo de hojalata que descansa sobre un lado, a la espera de que alguien lo envíe al fondo. Lo increíble es que si me asomo, una paz inmensa inunda todo mi cuerpo, una sensación como jamás había tenido: siento olores que me eran desconocidos, incluso me veo más bella de lo que nunca he sido.

Alguien está llamando a la puerta, oigo el murmullo a lo lejos, pero no iré a abrir: el pozo me llama.

3 comentarios:

  1. Experimántalo pensando también en su peligrosidad: puede acabar absorbiéndote.

    Un besazo, guapetona.

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  2. en algo así estaba pensando cuando lo escribí: me pareció una buena metáfora usar el pozo en lugar de la luz blanca (antesala de la muerte)

    otro beso, David.

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  3. Si, me encanta, el pozo es la metáfora de un millón de cosas que puedan estar allí sin dejarte girar la cabeza, es perfecta!!! Buenísimo Fini, un beso.

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