Mostrando entradas con la etiqueta paranoia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paranoia. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de mayo de 2011

NADA


No sé como conseguir que este corazón palpite.




No sé llorar sin lágrimas de fuego.



No sé entregar este alma a cambio del mañana.



No sé pedir perdón, ni arrepentirme del hecho.



Cuando crujen las tablas bajos nuestros pies,



esos alaridos ahogados de nuestros ecos,



cuando crepita el fuego,



hoguera infernal de nuestras vanidades.



Cuando todo lo conocido desaparezca



y sea un cataclismo el padre de la nueva vida,



entonces y sólo entonces alcanzaré la sabiduría:



NADA.



martes, 26 de abril de 2011

El pozo


Otro día ha terminado. No ha sido diferente de los demás, ni más ajetreado, ni más pausado, ni siquiera más triste que cualquier otro día. Sin embargo, hubo algo que sucedió, no sé en que momento: quizá fuese a media mañana cuando me asomé al balcón a regar las plantas, o quizá cuando, apresurada, contesté al telefonillo pensando que llegaba el correo. Pero por más que intento recordarlo, no soy capaz de traer a mi memoria ese pequeño recuerdo. No soy capaz de concentrarme: puertas se abren, se cierran, unas pausadas, otras pegan bandazos como si una fuerte corriente las aplastase. Sólo veo un pozo: recubierto de piedra pulida y blanca, con ese cubo de hojalata que descansa sobre un lado, a la espera de que alguien lo envíe al fondo. Lo increíble es que si me asomo, una paz inmensa inunda todo mi cuerpo, una sensación como jamás había tenido: siento olores que me eran desconocidos, incluso me veo más bella de lo que nunca he sido.

Alguien está llamando a la puerta, oigo el murmullo a lo lejos, pero no iré a abrir: el pozo me llama.

viernes, 4 de marzo de 2011

La Mentira

Crece la mentira a nuestro alrededor desde el mismo momento de nuestra concepción y se multiplica en este espacio que ocupamos en el universo. Falacias y engaños que se inventan nuestros padres en los cuentos de medianoche, en esas farsas creadas para dar respuesta a esas preguntas que incomodan. Nos torpedean con bulos en el vecindario, en el trabajo, a cada paso que damos, y en la prensa emanan cortinas de humo que nos hacen saltar las lágrimas. Puro ardid y camelo para llevarnos al terreno deseado, pero entre toda esta chinchorrería y paparrucha nunca faltará aquel que nos diga, ¡creéme que te estoy contando la verdad!
La verdad, esa parte subjetiva de nosotros mismos, que intentamos elevar a objetiva a cualquier precio por que inconscientemente valoramos su ausencia. Tanto, que algunos pondrán todos los medios a su alcance para que creas aquello que está contando. Y a veces, sucede, que crees al sujeto que tan dignamente expone sus opiniones y criterios, pero entonces es el momento de decirle: sé que no me mientes, que no eres de eses que bilipendian, que no calumnias, y que no inventas, pero amigo mio, esto que atestiguas con tu vida no es más que otro infundio, otra mácula que corretea con las nubes, que viaja con ese aire que respiramos hasta que la hacemos nuestra. Y él, estupefacto, pondrá, seguramente, tierra de por medio, y mientras marcha cabizbajo y con las manos en los bolsillos, irá mascullando esa frase traidora de mal amigo, y no podrá hacer otra cosa que pensar que le has mentido.

martes, 14 de diciembre de 2010

Absurdo

Resulta cada vez más difícil andar por el mundo. Y me explico. No me refiero al evitar charcos y adoquines levantados, a sortear coches aparcados en doble fila sobre la acera, o a intentar ir al mercado sin ser aplastada por la marabunta. Cuando eramos niños nos enseñaron que no debíamos hablar con desconocidos, que no debíamos ir con extraños. Incluso los cuentos infantiles que nos leían cada noche: caperucita, los siete cabritillos, nos advertían de los peligros que nos acechaban en el exterior. Pero ahora, sin embargo, todas aquellas advertencias no sirven de nada: porque nada es lo que parece. Parapetados tras máscaras y antifaces, viviendo un perpetuo carnaval de mentiras y engaños. Vendemos un mundo ficticio, un sueño que algunos han convertido en pesadilla.

Y me pregunto, ¿ y ahora qué?

Somos quizá ese reflejo esperpéntico que vemos en el espejo, ese mundo de charanga y pandereta que alarga o acorta su levita dependiendo de la moda.

Ahora que el lobo come de mi mano, he de esconderme tras las zarzas para que no me encuentre caperucita, y los enanos de Blancanieves crecen y se multiplican a mi alrededor intentando ser el más bello. A veces, me cansa en sobremanera, jugar a este juego absurdo y elevo mis quejas hacia un cielo que ya no me escucha. Ahora, toca esperar. Recorrido ya todo el camino, me he dispuesto a vivir en otro mundo, en ese que un día se inventó un principito, y que ahora, ha subarrendado a otros tantos idiotas, como yo.

martes, 30 de noviembre de 2010

MIRADAS

Siempre he oído que la mirada es el espejo del alma. Nunca, como hasta ahora, he estado tan convencida. Quizá tengan la culpa las clases de psicología, a las que una vez acudí, o las series pseudocientíficas que echan por la tele. No lo sé, la verdad no lo tengo claro. Sin embargo desde hace un tiempo, lo uso cada vez con más frecuencia, como medidor de fiabilidad. Si, es cierto, el grado de mi locura va en aumento a medida que cumplo años, pero a falta de un oráculo que me revele todo lo que quiero saber, es lo mejor que he encontrado. De momento los he agrupado en cuatro tipos, puedo imaginar que hay más, de todos modos creo que se podrán englobar en los grupos iniciales:

- El primer grupo, llamémosle "miradas sucias" es aquel en el que encuadro a hombres y mujeres que al mirarte lo hacen como si fueses un jarrón, un porsche, o una hamburguesa con patatas. Desprenden, en algunos casos, lascivia, pero en la mayoría son ansias de posesión lo que transmiten.
- El segundo grupo, las miradas terroríficas" son aquellas que como su propio nombre indican causan pavor. Ese miedo irracional que nos hace temblar las piernas, que nos hace sentirnos desprotegidos allá donde nos encontremos, que te atraviesan sin ninguna dificultad, como si estuvieses hecho de cristal. Si os soy sincera, de este grupo afortunadamente he encontrado pocos.
- En tercer lugar, pero no por ello menos importantes, son las "miradas neutras"; esas que por más que las miras no te transmiten nada, que te desconciertan porque no sabes que pensar, que en muchas ocasiones te llevan a equívocos porque no sabes a que atenerte.
- Y por último están mis preferidas, y supongo que las vuestras también: las "miradas puras" . Si, no estáis equivocados, me refiero a esas que normalmente tienen los niños de corta edad. Esos ojos cristalinos que sólo reflejan pureza e inocencia, porque aún desconocen la maldad, pero que al crecer se pierde irremediablemente. A pesar de todo esto, he de deciros, que existen excepciones a la regla. Por fortuna, conozco un par de casos...

lunes, 10 de mayo de 2010

El último viaje



Querido diario:

Esta noche ha vuelto a suceder. Agazapada en el sofá, con las rodillas pegadas contra mi pecho, dejé correr el tiempo esperando a que llegara. Pero no sucedió nada, sólo un leve sueño del que desperté enseguida. La ansiedad estuvo devorándome las entrañas, durante todo ese tiempo, como alimaña hambrienta. El corazón desbocado, amenazaba con salirse del pecho, una y otra vez. Y yo, allí, sin el valor suficiente para volverme a enfrentar a mi destino. Ayer se me olvidó decirte que estuve por la tarde con Cris, afortunadamente su brazo está mejorando, pero no puedo dejar de sentirme culpable. Si ellos se enterasen de todo, me apartarían de su lado como a una vulgar loca. No puedo confiarle mi secreto a nadie. Sólo a ti, mi querido amigo.

Cuando el reloj dio las cuatro, el sueño me venció. Decidí que no podía retrasar más lo inevitable, así que me fui directamente para cama. Me adormecí bamboleándome entre el dulzor a jazmín que emanaba mi almohada, y me agarré a ella, creyendo que me protegería de todo mal.

Pero no fue así.

No se cuánto llevaba durmiendo, me sentí tan despejada que creí que ya era por la mañana. Una inmensa felicidad embargaba todo mi cuerpo, que ya había dejado de pesarme. Me desperecé, y al abrir los ojos, supe que me había equivocado. Y esta vez era distinto. Noté frío, algo gélido recorría mi espalda; y al girarme vi el techo contra mi espalda. Grité. Lloré. Y cuando creí que la cordura me abandonaba, un halo de serenidad me hizo comprender aquello; si es que tenía una explicación. La habitación permanecía a oscuras, tal como la había dejado, sólo la luz de la luna que entraba por la ventana, permitía diferenciar unas siluetas de otras. Todo ocupaba su sitio, incluso yo, que dormía plácidamente en la misma postura que tomé al acostarme. Viajé por la habitación acariciando cada una de sus paredes, exploré cada rincón como si nunca hubiese estado allí, y de pronto una idea me abordó. Las ansias de libertad me condujeron hasta la ventana, pero entonces, noté un golpe seco.

Me quedé un buen rato quieta, sin saber que hacer, y cuando reuní la suficiente fuerza, abrí los ojos de nuevo. Estaba otra vez en cama, sin embargo todo era diferente. Alguien había estirado las sábanas, dejando la cama perfectamente hecha, y yo estaba tumbada encima pero con los pies sobre la almohada.

Dime que no estoy loca, dime que sólo son ansias de volar, que mi alma me abandona víctima del aburrimiento que padece en este triste cuerpo. Dime... que esta noche, no volverá a suceder.

miércoles, 28 de abril de 2010


Como las hojas que van cayendo
poco a poco en algún lago perdido.
Como los nenúfares que permanecen estancados
y no conocen la impasividad del tiempo.
Así transcurre la vida en su recorrido,
mientras el tic-tac irrumpe
en la oscuridad de la noche,
rompiendo el silencio.

jueves, 1 de abril de 2010

Hubo un tiempo en que miraba a través de los ojos de un niño, con la dulzura y la inocencia que perdemos al crecer. Pero entoces su vida se transformó en hastío e indiferencia. Telas de araña fueron tejiéndose ante sus ojos, y creyó que lo mejor era atravesar las gotas de lluvia que se deslizaban por su ventana. En aquel mismo instante se dió de bruces con el mundo esperpéntico que danza ante nosotros, sin mediar hechizo, grotescas figuras hicieron aparición ante su atenta mirada; contorneándose, pendiendo de hilos ajados por el uso. A merced del viento iban y venían como si de un barco a la deriva se tratasen, perdiendo el control de sus miembros cuando se enredaban unos hilos con otros. De repente una punzada de dolor atravesó su cabeza, la cordura amenazaba con abandonarla, con irse para siempre. Volteó sobre si misma como una peonza, dió brincos, y rodó por el suelo. Sus entrañas palpitaban, sus carnes se abrieron:la intensidad del dolor era tal que dejó volar su conciencia, como quién libera al pájaro enjaulado. Agotada, exhausta, su cuerpo permaneció tirado en medio de aquella habitación esperando que desde la bóveda celeste alguién cortase sus hilos. Ya no tenía nada más que ofrecer que aquel envoltorio mortal, pero no era suficiente, en el abismo habitaban demasiados como ella.

martes, 30 de marzo de 2010

El frio aprieta el corazón, el alma vagabundea por la habitación buscando un buen lugar para acomodarse. Aún así debe de levantarse, enfrentarse de nuevo a ese mundo no inventado.

De puntillas recorre el tramo que la separa del baño, pero se le hace interminable, latigazos de dolor recorren su cuerpo haciéndola contornear como si fuese un muñeco de trapo.

Por fin, la tibieza del agua que recorre su cuerpo, la devuelve de nuevo a la realidad. Ficción, realidad, ¿dónde radica la diferencia?

Apretó la taza de café entre sus manos, y dió un sorbo que le quemó las entrañas. De pronto el calor se aglutinó en sus mejillas, y encendiendo un cigarrillo, dejó caer su cuerpo sobre una silla.

Ya no había vuelta atrás, como en todos los cuentos, el camino se había perdido.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Sólo al respirar me siento viva,
me siento viva con cada bocanada de aire que entra en mis pulmones,
pero vivir duele...duele como una puñadada.
Mientras mi corazón golpeé mis sienes me sentiré viva,
y con fuerza,
por mucho que duela.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Nos quedan...600 días

Según Nostradamus cuando el 2012 llegue, el mundo tal como lo conocemos desaparecerá. No es que sea muy dada a creer en este tipo de adivinaciones, pero si que es cierto que siempre llamaron mi atención. Hasta hace bien poco me divertía pensando en la mente de este tipo, porque se asemeja en demasía a todas las mentes de farloperos y pastilleros que pululan entre nosotros. Sólo que a este le dió por escribir y dejar plasmados todos sus más íntimos pensamientos. Pero con lo que más me divierto es con toda la parafernalia que se ha montado a su alrededor. Grupos de expertos de todos los países concentrados en averiguar las claves de sus predicciones. Un halo de misterio envolviendo su vida, su pobre y mísera vida de yonki venido a menos. Os imaginais que dentro de 300 años alguién, por casualidad, encontrase el diario secreto de Alvaro de Marichalar; no quiero imaginarme al grupo de expertos analizando sus viajes alrededor del mundo y el oscuro impulso que lo llevaba a arriesgar su vida de tal manera. Es que me parto de risa, y no puedo evitar el volver a pensar en el pobre de Nostradamus. Porque estos días por desgracia para el mundo y afortunadamente para ellos, las señales de que el fin del mundo está próximo han hecho aparición: el terremoto de Haití, la ciclogénesis perfecta, otro terremoto en Chile con tsunami incluido. Y a pesar de que científicamente hay una explicación coherente para todos y cada uno de estos sucesos, de pronto han surgido algunas voces que ven en todo ello el comienzo del fin...supongo también que en el Vaticano habrán desempolvado la alfombra roja para dar la bienvenida a los jinetes del Apocalipsis. Señores esto se va a pique, pues si, puede ser. Creo recordar que así ha sido desde siempre. Es la evolución. Porque la Tierra es un ser vivo que también evoluciona, o eso quiero pensar, porque me viene muy mal que sólo me queden 600 días.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Si el desamor y la desidia se convirtiesen en pan, no habría hambre en el mundo.