Con la piel tatuada por la vida y con el corazón roto he llegado al final del camino. Quisiera contaros que he sido totalmente feliz, que he disfrutado plenamente de mi vida, pero mentiría. Aprendí, quizá demasiado tarde, que sólo yo, era dueña de mi vida. Que no importaba lo estipulado, las reglas ni las normas, que nadie tenía potestad para tomar el timón de este barco. Dejé, entonces, que vientos huracanados me guiasen, que sólo las estrellas iluminasen mi camino. Decidí ver otros mundos, conocer otras gentes, empaparme de toda esa vida que había creído perdida. Al final de tan tortuoso camino me sentí cansada; cansada de ir dando tumbos de un lado a otro. De rebotar de una pared a otra, de sumirme en la más profunda de las tristezas. Así que, agarré mi corazón herido, y lo cosí pedazo a pedazo con cada pensamiento bueno que había tenido, con cada amor que había vivido, y al terminar vi que faltaban trozos. No eran muy grandes, pero si que los eché en falta. Rebusque en cada rincón del mundo, y al no encontrarlos, me di cuenta de lo que había pasado.
Este, es todo el oro que tengo, a vosotros os dejo esos trozos de corazón. Este es el legado, para aquellos, que una vez me amaron.
Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar. (Hipatia de Alejandría)
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viernes, 9 de julio de 2010
martes, 8 de junio de 2010
1440 minutos
Dicho así, 1440 minutos parecen tanto tiempo. Una inmensidad de segundos y centésimas aparece ante nuestros ojos, mostrándose soberbia, altiva, invitándoos a malgastar todos esos minutos de sobra. Atónitos ante las manecillas del reloj no percibimos su maquiavélico plan. Giran y giran y el atento ojo, que desconoce el mecanismo, mira donde no hay nada que ver. Por que el tiempo, amigos, no se ve, no se huele, no se toca. Pasea entre nosotros impune, rozándonos la piel, marchitando nuestras vidas sin importarle nada. Y el Hombre en su afán de controlarlo todo, intento acotarlo; inventó calendarios, relojes de todos los tipos, pero el tiempo seguía escapándose. Luego decidió que la mejor manera de controlarlo era marcar un espacio para cada actividad, pero aún así no fue suficiente. Y ahora, embobados por nuestras ilusiones, embotellamos nuestras vidas en algo llamado "agendas", para que nuestra fugaz vida no se escape. 1440 minutos parece tanto tiempo, pero un sólo día... se hace tan pequeño.
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