El revolotear, de las alas negras
que una vez tuve cosidas a mi espalda,
yace ahora en el camino,
en el sendero que está marcado.
Comienzo a subir por la ladera,
mis pies buscan el abismo
con otros pies, el destino es el mismo.
Sólo hay cadenas atadas a la piedra.
Risas que navegan en los ríos de fuego,
no es suficiente una sola moneda.
Pagaremos, caro,
esta divina comedia.