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domingo, 17 de julio de 2011

Agujero negro


¿Qué?
Oigo algo...
¡¡Si!!

El blanco y negro de mi alma
que se esfuma por la ventana.
¿Qué?
Siento el silencio.
Notas discordantes
son mis latidos en un piano desafinado.
Pierde sentido la apreciación de la realidad,
y entre un punto y otro tiendo cuerdas
que me sujeten.
Y entre el púrpura y el añil de las horas,
serpenteo por las paredes
que encierran mis noches.
¿Qué?
Es el murmullo...
el de las incipientes olas de mi mente
que repiquetean con la furia
de un animal salvaje.
¿Temo abandonar este mundo?
¡No, no, no!
Temo que me abandone el mundo,
que me tire en la primera curva.
Allí, en el limbo de los sin nombre,
en la tierra de los don nadie.
Me aprisiona el pecho la crueldad,
le temo a las avispas, que al acecho
esperan clavarte el aguijón.
¿Qué?
¡Si, si!
Es el olvido el que agita sus alas
frente a mi casa.
Es la lluvia del mediodía,
la que mece el árbol de la ciencia.
¿Y ahora qué?
Nada.
Se acerca deprisa el tiempo,
oigo sus pasos.

lunes, 11 de abril de 2011

Hoy podría ser un gran día...

Hoy es uno de esos días que miras tras la puerta del armario, en busca de esa musa que ya no está. Y allí en el fondo, dentro de una caja, esa vida que es, que fue, pero que nunca volverá. Ordenados los besos, de uno en uno, a la espera de ser regalados, y luego a su lado, esas fotos, oscuras como el pasado, tuercen sus esquinas, se doblegan sobre si como la vida misma. Alguien, me dijo una vez, que aquella, la de la foto, era yo, pero ya no me reconozco, todo es pura casualidad y coincidencia. No puedo vivir para recordar el pasado en blanco y negro, no puedo mantener la esperanza de acordarme de quien era, de donde estaba, de adonde iba. Sólo me quedan esos recuerdos, que no siento mios, porque no sé si soy yo, o soy otra, o soy esta que deambula por este camino enlosado, como el león aquel que buscaba su valentía. Hoy podría ser un gran día, lo sé, pero este corazón de hojalata, retumba con tal fuerza dentro de este pecho dolorido que no me deja oír, que no me deja escuchar las voces del viento. No puedo ver más allá de este horizonte que tengo a mis pies, no puedo hacer nada más que rebuscar en el fondo de un cajón esa vida acartonada, y seguir buscando ese punto de inflexión que me obligue a cerrar la puerta de este armario.

lunes, 21 de febrero de 2011

Suplico...



Pensamientos evocadores, que suben en espiral como el humo que los lleva,
escapan al entendimiento que los creo, al alma que los lleva en su vientre.
Sangre y sudor, venas que palpitan tras el tiempo arrugado,
enjuto y acobardado, y yo, aquí en medio entre lo pasado, lo vivido y lo soñado.
Se me escapa la vida  por esta boca que ya no siento mía.
Se me escapa la luz  por estos ojos cansados que un día vendí al diablo.
Se me escapa el amor, se aleja de mi, y lo arrastra todo a su paso.
Hace tanto tiempo que zozobro en este mar oscuro,
que anhelo sentir bajo mis pies el agua del rocío,
y ese vuelo acompasado, de las golondrinas, que siempre fue mi guía.
Anhelo, si, el calor de la tierra que al nacer fue mi abrigo,
y tus besos que sean de nuevo ese tejado que me de cobijo.
Necesito caminar, volver a sentir que el viento golpea mi rostro,
que se apresure esa tormenta y que calme el polvo del camino,
porque he de seguir, y no puedo encontrar mi casa, ni escribir mi destino.
Alejaré el mar, y la espuma blanca que ondea en el horizonte,
ahuyentaré de mis oídos esas fábulas inventadas,
cuento mordaz de una rosa que ya no tiene espinas.
Sofocaré el dolor que quema mis entrañas con lágrimas desiertas
y gritaré hasta que rompa esta voz maldita, que suplica el olvido.